Muchos ciudadanos anónimos criticaron en su día que metieran un transexual en la última edición de Gran Hermano. Otros ciudadanos menos anónimos y del PP han criticado esta semana que el Gobierno utilizara el programa de Mercedes Milá para dar a conocer al vulgo la Constitución Europea. Pero lo que nadie ha criticado todavía, a pesar de ser algo mucho más grave y peligroso, es una siniestra estrategia política que puede estar llevándose a cabo utilizando este reality show.
Este año han metido en la casa de Guadalix a tres militares. Esto podría sonar a chiste teniendo en cuenta que dos de ellos son Nicky y Bea, pero la cosa se pone seria cuando vemos que el tercero, un fornido muchacho que responde al nombre de Conrad Chase, es un ex-marine americano. A priori no tendríamos porqué desconfiar de un ex-marine, todo el mundo puede, como San Pablo, caerse del caballo y abandonar el camino incorrecto pero piensen por un momento qué pasaría si detrás de este ciudadano americano estuviese la CIA, el FBI, la NSA o cualquier otra oscura agencia yanqui. Ya, ya sé que suena a absurdo pero si usted fuera una cabeza pensante de alguno de estos acrónimos, ¿qué podría utilizar para tener controlados a esos españoles que están en contra de invadir países infieles, un microchip implantado bajo la piel tal vez?
Un español nunca se dejaría meter un circuito en el cuerpo, por mucho que nos digan que puede salvarnos la vida al contener nuestro historial médico. Desengañémonos, a los españoles nos la trae floja nuestra salud. Si alguien quiere meternos un chip tiene que convencernos con razones de peso y, curiosamente, ha sido Conrad, el concursante de Gran Hermano, el que ha caído en qué es lo que realmente consigue movilizar a los españoles: los cubatas.
Conrad es el dueño de una discoteca en Barcelona, una discoteca tan vanguardista que a sus mejores clientes les implantan un microchip (como los que llevan los perros por si se pierden) en el que se lleva la cuenta de las copas consumidas. Y no es broma. Aquí puede leerse una entrevista al ex-marine y ver fotos de cómo le implantan a él el primer chip cubatero. ¿Se imaginan qué podría pasar si, una vez implantados, los microchips se utilizaran para cualquier cosa más perversa que para llevar la cuenta de las consumiciones?
Ustedes, inocentes como son, pensarán que nadie va a ser tan estúpido como para ponerse un microchip de esos pero se equivocan. Según esta noticia Aida Nízar, Jorge Berrocal (otro ex-militar) y Silvia Fominaya ya pagan sus güiscolas de esta forma tan moderna. Y, les guste o no, los que crean opinión y marcan tendencias en este país no son ni Teresa Fernández de la Vega ni Jiménez Losantos sino los tertulianos de Crónicas Marcianas. Dentro de poco los jóvenes de este país recibirán los sonitonos directamente en sus microchips.
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Escuchando: The Beatles – The Continuing Story Of Bungalow Bill