Lecciones de reciclaje
Vivir en una gran urbe china debe de ser similar a hacerlo en el tubo de escape de un automóvil. No sólo por las estrecheces físicas, sino sobre todo por la cantidad de gases poco saludables que tus pulmones deben de filtrar a diario. Los chinos tienen fama de guarros y de contaminar en exceso (absténganse de denunciarme por lo anterior, estimados súbditos de la República Popular, no soy más que un pobre ignorante que hace caso de los tópicos) y no fueron pocos los problemas que tuvieron cuando en los pasados Juegos Olímpicos muchos atletas se negaron a entrenar con tanto monóxido de carbono flotando en el ambiente.
A pesar de lo dicho en el párrafo anterior, si por algo admiro a los chinos es por sus increíbles habilidades para el reciclaje. Es probable que este espíritu reciclante tenga su origen en la reencarnación taoísta. Cuando una gamba acaba entre los restos de tu plato al pedir el postre en el buffet de un restaurante chino, el crustáceo no es que muera, sino que fluye con el Tao y vuelve a parar a la bandeja desde la que pasará al plato de un posterior comensal, y luego al del siguiente hasta volverse uno con el Tao y conseguir la inmortalidad.
Pero no era de reciclajes alimenticios de lo que quería hablarles, sino de los del sector de la juguetería. El otro día, haciendo la compra en el Carrefour, me llamó la atención un muñeco en la cabecera del lineal de juguetes. Era el “Homersapien“, un robot con el aspecto del padre de los Simpson. Tenía prisa y unas croquetas descongelándose en el carrito (mientras no encuentre una Puri mañosa en la cocina, mis croquetas seguirán siendo Frudesa), así que no pude dedicarle al juguete la atención que requería.
Ya me había olvidado del Homer biónico pero hoy, hojeando el catálogo de las ofertas de esos hipermercados, he vuelto a ver al mostrenco y lo he comprendido todo. No sabía si el personaje de Matt Groening se había vuelto robot a raíz del argumento de un especial de Halloween de la serie, o si la nueva temporada de la serie iba a ser un híbrido con los Transformers, pero cuando he visto el catálogo del Carrefour he comprendido que todo se debía al reciclaje.

Y es que, también de oferta y en la misma página, estaba el “Spidersapien“, que era tres cuartos de lo mismo pero disfrazado de Spiderman. El mismo cuerpo, los mismos movimientos y sonidos, pero pintado con otros colores y con otra cabeza.
Imaginen en su piso de Pekín al fabricante de “Spidersapiens“. Hace meses que la última de Spiderman dejó de estar en cartelera y los chavales ya no piden juguetes del hombre araña. ¿Qué solución encuentra? Darle una capa de pintura al material excedente, ponerle unas cabezas que sobraran de la fabricación de un juguete anterior y mandar un par de contenedores con muñecos al Carrefour. Y lo mejor de todo es que, tras el reciclado, el muñeco vale 20 euros más que el original. Negocio redondo para el empresario chino y para la cadena de hipermercados.
Pero hoy los chinos han sido tristemente noticia por otro motivo. La fábrica de tricornios con más solera de España se ha visto obligada a despedir a casi toda su plantilla debido a la fuerte competencia del país asiático. Mientras que un tricornio Made in Spain cuestra 38 euros, un agente de la Guardia Civil puede adquirir uno de fabricación china por tan sólo 4. Los agentes, que pese a lo que muchos puedan pensar no son tontos, prefieren gastarse el dinero en cosas más prácticas y a la hora de comprar tricornios bajan al “Todo a 0,60″ de la esquina. Y mientras, en los almacenes de la centenaria fábrica de tricornios española, miles de estos sombreros se mueren de asco cogiendo polvo.
Si la empresaria sevillana tuviera la visión comercial del chino de los muñecos, no se estaría quejando de sus desgracias ante la cámara de los informativos. Forraría los tricornios de charol rosa, los llevaría a tiendas para jóvenes góticas o a las boutiques más divinas de Chueca y, sin ninguna dificultad, podría vender todos los tricornios no a 38, sino a 100 euros. En España no hay crisis, aquí lo que hay es falta de ideas.
Escuchando: La Habitación Roja - Tened piedad del expresidente











