Al final sabía hablar
Hace unas semanas nadie sabía que existiera una película española llamada “Diario de una ninfómana“. Tuvo que ser la EMT madrileña, negándose a colocar en sus marquesinas y autobuses el cartel de la película (en el que la atractiva protagonista hacía amago de tocarse bajo las bragas) quien convirtiera una película del montón en polémica y consiguiera aumentar considerablemente su recaudación en taquilla.
¿Quién se habría enterado de la publicación de un libro sobre la Reina si no hubiera venido acompañada de la mejor estrategia de márketing, que no es otra que la polémica? Pilar Urbano, autora de la obra, llevó ayer todos sus pantalones y chaquetas al sastre para que les ampliara los bolsillos, y es que la pobre mujer no va a saber dónde meter tanto billete de euro después de la espectacular campaña de promoción que le están dando medios y políticos al libro.
No me extrañaría que incluso en las librerías homosexuales hicieran cola los mariquitas para adquirir ejemplares del libro y quemarlos, acto seguido, en una pira en mitad de la plaza de Chueca. Las nuevas tradiciones independentistas republicanas y el activismo gay unidos por la figura de Doña Sofía. Enternecedor.

Lo que sí que me sorprende es que se haya montado tanto jaleo por las declaraciones de la abuela de Froilán. Que es la Reina, cojones, ¿qué esperaban que dijera, que sus mejores amigos son homosexuales y que se lo pasa pipa cuando sale a bailar con ellos, que habla continuamente sobre métodos anticonceptivos con sus hijas para que no se queden preñadas con tanta frecuencia? Que es la Reina, cojones, que todos podíamos imaginar lo que pensaba sin necesidad de que abriera la boca.
En un post reciente me lamentaba de que apenas hubiéramos escuchado hablar a Marichalar en todos estos años de portadas del ¡HOLA! y actos protocolarios. Yo pensaba que si hasta ahora Doña Sofía no había pronunciado demasiadas palabras en público era porque su peculiar acento podría ser motivo de mofa e inspiración para un nuevo personaje de Los Morancos. Pero no, se ve que si Juan Carlos no quiere que Marichalar y la Reina hablen en público es porque las probabilidades de cagarla son directamente proporcionales al número de palabras que salen por sus bocas.
Si hubiera un notario cada noche transcribiendo los comentarios que los miembros de la Familia Real hacen mientras ven el telediario, y si esas transcripciones aparecieran cada mes publicadas en el BOE, hace ya mucho que estaríamos viviendo en una república. Lo que ha escocido no ha sido que la Reina comulgue con el ideario del PP (que ya lo sospechábamos), lo que ha escocido ha sido que ella misma nos lo dijera en las páginas de un libro. Ojos que no ven, corazón que no siente. Que no vuelva a abrir la boca y seguiremos viéndola como una mujer amable y campechana. Que se calle y que siga reinando setenta años más. Y que nosotros lo veamos. Y lo paguemos.
Escuchando: Grupo de Expertos Solynieve - La Reina de Inglaterra














