Delincuencia 2.0

El Rafita detenido tras robar el coche de Google Street View.
Escuchando: Jabier Muguruza – Linguae Vasconum Primitiae

El Rafita detenido tras robar el coche de Google Street View.
Escuchando: Jabier Muguruza – Linguae Vasconum Primitiae
Recuerdo con nostalgia aquellos veranos en los que, si en un mapa poníamos una chincheta sobre cada localidad española que acababa de batir un record Guinness, una ardilla podía cruzar la Península desde A Coruña hasta Murcia sin necesidad de pisar el mapa.
Las fiestas patronales eran la ocasión perfecta para hacer la tortilla de patatas más grande del planeta y escribir con letras de oro el nombre del pueblo en el libro de las marcas mundiales. Nada podía ser mejor homenaje para la Virgen patrona de la localidad que llenar la piscina municipal de sangría y emborrachar al representante del Libro Guinness hasta que éste terminara firmando el papel que acreditaba que no había bebida refrescante a base de vino igual en todo el universo.
Pero con la caída del Telón de Acero, con la incorporación de China a la Nueva Economía y con la imparable globalización, bastaba que una asociación de vecinos de Mallorca preparara la sobrasada más grande de la Historia para que a la semana siguiente algún chino avispado hiciera una un metro más larga que la anterior.

Es cierto que seguimos batiendo algún que otro record, que la loncha de jamón más larga o la planta de albahaca más alta tienen acento español. Pero los records que molan, como el del corredor de los 100 metros lisos más veloz o el del alumno de primaria más longevo, siempre se los acaban llevando los extranjeros.
Los indios hace tiempo que encontraron una solución a este problema. Hartos de ser ninguneados en el Libro Guinness de los Records, decidieron que un refresco autóctono esponsorizara una publicación de records en la que sólo tuviesen cabida hitos nacionales, y nació así el Libro Limca de los Records.
Deberíamos aprender de nuestros amigos del subcontinente asiático. Si no puedes contra los de fuera, inténtalo contra los de dentro. Sólo así, si creáramos el Libro Trinaranjus, o el Libro Bitter Kas de los Records, nuestros veranos volverían a ser como los de antaño y podríamos disfrutar orgullosos del ertzaina que más carteles arranca por minuto, del partido político que más conspiraciones ha sido capaz de inventar desde su fundación o del parado con mayor cara de decepción tras enterarse de que lo de la ayuda de los 420 euros no iba con él.
Escuchando: Sergio Algora – Natasha Kampush
Cuatro chinos borrachos conducen a toda pastilla llevando en el maletero del utilitario el cadáver de una atractiva joven que acaban de desenterrar en el cementerio del pueblo. Esto, que a primera vista parece la sinopsis de una película de serie Z, es una noticia real que me ha ayudado a descubrir el fascinante rito oriental del Minghun, o boda fantasma.
Las madres chinas no son tan diferentes a las de aquí. “Golfo, que eres un golfo, a ver si sientas cabeza de una vez y te echas novia formal”, “Pues la hija de Amparo es bien maja. Y muy trabajadora, no como esas frescas con las que andas” o “¡Ay, hijo mío! ¿Cuándo vas a hacerme abuela si vas toda la vida picando de flor en flor? ¡Con la ilusión que a mí me haría ser la madrina en tu boda…!” son frases que lo mismo podrían escuchar ustedes en sus casas, que Jiang, Huizhong o Donghai en sus respectivas viviendas unifamiliares.
Con una diferencia: en China, si mueren solteros, sus madres aún están a tiempo de buscar una difunta hacendosa y de buena familia y, Minghun mediante, ver a sus hijos marcharse de casa y, tal vez en estado de descomposición, pero felizmente casados.
No nos movemos de Asia y de un salto nos trasladamos a la India. Allí los mozos son más serios y buscan novias formales, pero aún así las pasan igualmente canutas. Que se lo digan si no al yerno de los señores Thakur que, haciendo caso omiso a las peticiones de sus suegros para que se olvidara de la niña y se buscara otra más casquivana, terminó viendo cómo los padres de su amada le cortaban los genitales.
Qué dura es la vida de los jóvenes asiáticos. Pero ya lo dijo aquel revolucionario del amor: “Prefiero morir casado a vivir emasculado”.
Escuchando: Anntona – Alfonso de Hohenlohe
El episodio de Los Simpson en el que Homer descubre Internet es, sin duda alguna, uno de mis favoritos. Para conseguir el silencio del padre de la familia amarilla, un conspirador poder en las sombras le envía a la misma isla que visitara en los sesenta Patrick McGoohan en “El prisionero“, donde Homer puede disfrutar de la naturaleza del lugar, de un amplio surtido de drogas y de la compañía de otros personajes ilustres que, al igual que él, son conocedores de algún secreto que no interesa divulgar.
¿Y cuál es el secreto que conoce Homer Simpson? No contento con limitarse a ser un mero espectador de lo que por la red se cuece, Homer se convierte en un ejemplo a seguir para las hordas de trolls que hoy en día pueblan el hiperespacio y crea una web en la que empieza a publicar noticias tan falsas como la identidad con la que las firma. La casualidad quiere que uno de esos bulos que inventa sea cierto y que los que controlan el mundo traten por lo tanto de silenciarlo a toda costa.
El titular de la noticia polémica no puede ser más aterrador: “Controlan nuestras mentes con vacunas para la gripe“. Lo que en la ficción de la serie es ficción (el aparente embuste que Homer cuelga en su página web) resulta finalmente ser realidad en la ficción del capítulo. Imaginen que se pudiera ir un paso más allá, que lo que en el universo de Springfield fuera realidad también terminara siéndolo en el nuestro.
Llevamos semanas escuchando, día sí, día también, noticias sobre los millones de dosis de vacunas contra la gripe A que los países del Mundo Libre han encargado para inmunizar a partir de septiembre a su población. Cada vez que muere alguien en nuestro país por culpa del dichoso H1N1 nos entran escalofríos, y como la alarma mediática siga creciendo a este paso muchos seremos los que nos daremos de hostias a las puertas del ambulatorio para que nos pinchen a nosotros antes que a nuestro vecino.
¿Y si Homer Simpson estuviera en lo cierto? ¿Y si todo esto no fuera más que una Operación MK Ultra transnacional para la que llevan meses concienciándonos los medios de comunicación? La oposición a las vacunas no es un fenómeno nuevo, son muchos los que ponen en duda desde hace tiempo la conveniencia de las vacunaciones masivas.
Así que ya saben, cuando vayan a que les pinche el practicante tengan en cuenta que no sería la primera vez que la serie de Matt Groening se adelanta a la realidad.
Escuchando: Coralie Clement – Le baiser permanent
Sonará a comienzo de conversación telefónica lasciva pero no puedo evitar hacerle esta pregunta: ¿Qué lleva puesto? No me responda todavía, prefiero no saber (quiero conservar la buena imagen que de usted tengo) quién se entretiene leyéndome en lencería o quién prefiere quitarse la corbata y vestirse de mujer para entrar en este blog. Con que me diga el color de lo que lleva puesto de cintura para arriba me conformo por ahora.
Sin temor a equivocarme puedo afirmar que el noventa y tantos por ciento de quienes puedan leer esto lleva puesto algo de uno de estos diez colores: azul, rojo, blanco, negro, amarillo, verde, naranja, violeta, marrón o rosa. Sé que no es muy arriesgada mi afirmación, que podría ser casi como decir que el sorteo de los ciegos terminará mañana en una cifra comprendida entre el cero y el nueve, pero teniendo en cuenta que cuando uno compra un monitor le dicen lo de los millones de colores del cacharro, o que los físicos hablan de la infinidad cromática del espectro luminoso, el hecho de que haya acertado con usted tiene casi más mérito que ganar el Euromillón (y discúlpeme por reincidir con los símiles de juegos de azar, es lo que tiene vivir en atmósfera de crisis).
Creo que con los dos párrafos anteriores queda demostrado que pese a la incontable cantidad de tonos que nuestra retina es capaz de diferenciar, a la hora de la verdad y a efectos prácticos sólo existe una decena de colores. Y el problema se presenta cuando a cada uno de estos colores se le quiere asignar una causa noble.

La lucha contra la droga, la búsqueda de una niña en un vertedero, las focas que se quedan sin pieles, el analfabetismo en África, los jubilados que pasean sobre el bicicarril y no escuchan cuando les avisas con el timbre,… podría seguir enumerando causas defendibles pero no terminaríamos en lo que queda de mes.
Según la Wikipedia, que es sabia, el lazo blanco es el símbolo de la Unión Femenina de Moderación Cristiana, se usa para condenar la violencia contra las mujeres, como emblema del movimiento pacifista quebequés, como signo de perdón y tiene además una larga tradición usado en competiciones agrarias y ferias hortofrutículas.
Ahora son los obispos los que animan a su feligresía cofrade a lucir un lazo blanco contra la ley del aborto y el país no habla de otra cosa. Muchos se escandalizan por que la Conferencia Episcopal se meta en asuntos políticos que ni le van ni le vienen pero pocos se dan cuenta del verdadero escándalo: que los obispos se apropien de un símbolo, el lazo blanco, que no es suyo.
¿Cómo voy a ser capaz de distinguir, cuando vea a un nazareno con un lazo blanco en lo alto del capirote, si se trata de un antiabortista radical o si es un canadiense pidiendo la paz mientras saca a la Macarena de procesión? Yo llevaré el lazo blanco, sí, pero lo mío será por motivos puramente hortofrutículas.
Igual que en algunas elecciones hay quien se niega a reconocer que la mayoría de los votos nulos pertenecen a partidos ilegalizados neguémonos todos ahora a reconocer que la mayoría de los lazos blancos de Semana Santa no sean una condena a la violencia machista.
Escuchando: Astrud – Son los padres
Me lo han dado esta tarde, al salir del metro, un sin papeles que repartía papeles:

Escuchando: Klaus & Kinski – Rocanrolear
Ya puede el índice Nikkei caer en picado, o pueden cerrar entidades crediticias por decenas en los Estados Unidos, que para los que la macroeconomía nos suena a chino no son éstos indicativos fiables de lo grave que es la pertinaz crisis. Pero ayer finalmente me di cuenta de lo crítica que debe de ser la situación cuando me enteré, gracias a la heroica actuación de su escolta, de que Carmen Cervera compra su ropa en un outlet.
Ya nos dio algo de penica la baronesa cuando la vimos encadenada a un árbol protestando contra Gallardón, pero ahora, sabiendo que además de verse obligada a vestirse con restos de temporadas pasadas, tiene dos niñas pequeñas a las que alimentar, creo que es obligación moral de todo buen ciudadano solidarizarse con Tita en tan difíciles momentos.
¿Ha dejado de ser negocio tener un museo en el centro de Madrid? ¿La gente prefiere ahora gastarse los nueve euros de la entrada en cosas más materiales? Como Zapatero no arregle esto ya le veo a la pobre subastando sus cuadros y reemplazándolos por vulgares imitaciones.
No sé si llegaremos a esos extremos, pero si finalmente sucede tengo claro a quién no va a encargar nunca la tarea de duplicar los lienzos: a un vasco.

Dios nos dio a los vascos un amplísimo catálogo de virtudes y cualidades. Somos nobles, trabajadores, buenos cocineros, mejores levantadores de piedra y pocas regiones del planeta nos superan tocando la txalaparta. Eso sí, estos días se ha demostrado que como falsificadores los vascos somos una completa nulidad.
El otro día el amigo Txeroki dio buen ejemplo de lo afirmado en el párrafo anterior al ser detenido a causa de falsificar tan exageradamente las matrículas de su coche, que puso unas de épocas pretéritas que ya habían caducado en las carreteras francesas. Y hoy hemos amanecido con otra noticia alarmante: los restos arqueológicos de Iruñea-Veleia que iban a demostrar de una vez por todas que el euskera escrito se remonta al siglo III de nuestra era, han resultado ser falsos. Porque que nuestros antepasados confundieran la “i” con la “j” podría haber sido, pero que conocieran a Descartes ha hecho sospechar a los estudiosos.
Se ha demostrado pues que el Rh negativo es genéticamente incompatible con las habilidades para falsificar. Afortunadamente los nuevos vascos venidos de allende los mares pueden ayudarnos a suplir las carencias que tradicionalmente ha sufrido nuestro pueblo. Y entre los subsaharianos, de reconocido prestigio en el terreno de las falsificaciones de películas y bolsos Louis Vuitton, parece haber encontrado el Athletic sangre nueva.
Escuchando: Varias Artistas – I.O.A.
Hace unas semanas nadie sabía que existiera una película española llamada “Diario de una ninfómana“. Tuvo que ser la EMT madrileña, negándose a colocar en sus marquesinas y autobuses el cartel de la película (en el que la atractiva protagonista hacía amago de tocarse bajo las bragas) quien convirtiera una película del montón en polémica y consiguiera aumentar considerablemente su recaudación en taquilla.
¿Quién se habría enterado de la publicación de un libro sobre la Reina si no hubiera venido acompañada de la mejor estrategia de márketing, que no es otra que la polémica? Pilar Urbano, autora de la obra, llevó ayer todos sus pantalones y chaquetas al sastre para que les ampliara los bolsillos, y es que la pobre mujer no va a saber dónde meter tanto billete de euro después de la espectacular campaña de promoción que le están dando medios y políticos al libro.
No me extrañaría que incluso en las librerías homosexuales hicieran cola los mariquitas para adquirir ejemplares del libro y quemarlos, acto seguido, en una pira en mitad de la plaza de Chueca. Las nuevas tradiciones independentistas republicanas y el activismo gay unidos por la figura de Doña Sofía. Enternecedor.

Lo que sí que me sorprende es que se haya montado tanto jaleo por las declaraciones de la abuela de Froilán. Que es la Reina, cojones, ¿qué esperaban que dijera, que sus mejores amigos son homosexuales y que se lo pasa pipa cuando sale a bailar con ellos, que habla continuamente sobre métodos anticonceptivos con sus hijas para que no se queden preñadas con tanta frecuencia? Que es la Reina, cojones, que todos podíamos imaginar lo que pensaba sin necesidad de que abriera la boca.
En un post reciente me lamentaba de que apenas hubiéramos escuchado hablar a Marichalar en todos estos años de portadas del ¡HOLA! y actos protocolarios. Yo pensaba que si hasta ahora Doña Sofía no había pronunciado demasiadas palabras en público era porque su peculiar acento podría ser motivo de mofa e inspiración para un nuevo personaje de Los Morancos. Pero no, se ve que si Juan Carlos no quiere que Marichalar y la Reina hablen en público es porque las probabilidades de cagarla son directamente proporcionales al número de palabras que salen por sus bocas.
Si hubiera un notario cada noche transcribiendo los comentarios que los miembros de la Familia Real hacen mientras ven el telediario, y si esas transcripciones aparecieran cada mes publicadas en el BOE, hace ya mucho que estaríamos viviendo en una república. Lo que ha escocido no ha sido que la Reina comulgue con el ideario del PP (que ya lo sospechábamos), lo que ha escocido ha sido que ella misma nos lo dijera en las páginas de un libro. Ojos que no ven, corazón que no siente. Que no vuelva a abrir la boca y seguiremos viéndola como una mujer amable y campechana. Que se calle y que siga reinando setenta años más. Y que nosotros lo veamos. Y lo paguemos.
Escuchando: Grupo de Expertos Solynieve – La Reina de Inglaterra
La boca de José María Aznar tiene la fabulosa propiedad de crear polémica cada vez que se abre. Lo último que ha hecho para desatar la caja de los truenos mediática ha sido poner en duda el cambio climático. Me duele tener que quitarle la razón a nuestro ex-presidente, pero hay evidencias que demuestran de modo fehaciente que el planeta ha cambiado climatológicamente (y mucho) en las últimas décadas.
No estoy hablando de huracanes Katrina, de temporales de nieve en agosto o de las ventajas de ir a comprar los regalos de Navidad en camiseta de tirantes. Me refiero a una prueba mucho más incuestionable y definitiva, una demostración del desbarajuste climático que derrumba además de un mazazo uno de los pilares en los que se asienta nuestra identidad: el refranero español.

El refranero afirmaba, en tiempos de nuestros abuelos, que nunca llovía a gusto de todos. Era aquélla una verdad absoluta que ahora, efecto invernadero y Hollywood mediante, ha dejado de tener sentido. Al menos en la mansión de los Banderas-Griffith ya llueve a gusto de todo el mundo y el actor andaluz, que nunca ha ocultado sus simpatías por el PSOE, ha afirmado en una entrevista que Zapatero es “tenaz, inteligente y firme” y que Rajoy es “un gran parlamentario que se faja muy bien en la lucha política”.
Menos mal que no le siguieron preguntando por más líderes políticos, porque si no Carod-Rovira habría sido “afable, bonachón y amante de su tierra” y Fraga “un hombre sabio y experimentado”. Y es que Banderas se las sabe todas y tiene buenas palabras para todo el mundo. Sabe cómo reaccionan ciertos medios de comunicación nacionales cuando un titiritero a sueldo de Moscú opina sobre política, y evita que le bardemicen echando flores a ambos lados del arco parlamentario.
Ser políticamente correcto es muy bonito, pero en ocasiones al intentar serlo se traspasa el umbral de la imbecilidad. Este sábado se ha convocado en Madrid una manifestación de hombres contra el machismo y la violencia de género. El propio nombre de la manifestación encierra una evidente y absurda contradicción. Marginar a las mujeres de una convocatoria a una manifestación contra el machismo y crear una asamblea contra la violencia de género en la que sólo tienen cabida los hombres, es tan imbécil y discriminatorio como hacer una manifestación sólo de blancos contra el racismo.
Si queremos protestar contra una desiguadad que lo primero sea acabar con las desigualdades en la protesta.
Escuchando: Habeas Corpus – Enamorado de la muerte
En la última película de Eddie Murphy, “Meet Dave” (rebautizada en España con el nombre de “Atrapado en un pirado“), unos seres de otro planeta vienen al nuestro dentro de una nave con la forma, apariencia y comicidad del actor de color negro; en “The Nutty Professor” (en España “El profesor chiflado“) un científico obeso se transforma en un afroamericano follable tras la ingestión de un bebedizo; y en “Coming to America” (traducida en España como “El príncipe de Zamunda“) el heredero de un trono africano al que encarna Murphy comienza la película en una escena en el que al despertarse un sirviente le pone las zapatillas, otro la bata y tres gachís en bolas le bañan para proceder después al lavado de los dientes principescos para el cual un criado le frota con el cepillo, otro le seca la gota que le cae por la comisura de los labios y un tercero le ofrece un vaso para que se enjuague.
Es conocido el gusto de Eddie Murphy por las exageraciones y escenas disparatadas, el caso de la nave antropomórfica o del milagroso adelgazamiento del profesor Klump son sólo dos ejemplos, y uno de sus próximos proyectos, “The Incredible Shrinking Man” (que tal vez tengamos la ocasión de ver estrenar en España con el nombre de “El pequeño majareta“) promete más dosis de lo mismo.
Por eso yo pensaba que la escena del baño en palacio sería tan fantasiosa, irreal y contraria a las leyes de la naturaleza y de la lógica como el resto de las secuencias mencionadas.
El Ministerio del Interior ha doblado el número de agentes de policía que protegen la casa de la infanta Cristina después de que un individuo “con las facultades mentales mermadas” (a pesar de lo cual no era ni etarra ni yihadista) lanzara un cóctel molotov contra la valla del casoplón de los Urdangarín-Borbón. Y doblar no quiere decir que donde antes vigilaban dos ahora vigilen cuatro, sino que donde antes lo hacían 45 ahora lo harán 90 agentes.
Lo pienso, le doy vueltas y soy incapaz de imaginar qué hace tanto policía junto para una sola princesa de Zamunda. Supongo que uno le vigilará un brazo, el otro la cintura, un tercero le sujetará el bolso mientras el cuarto vigila que no se despeine,…
No es mi intención dar ideas delictivas, pero tal vez fuera una solución para el imparable ascenso del paro poner a un grupo de desequilibrados a tirar cócteles molotov sobre fachadas principescas. Si por cada artefacto incendiario diéramos trabajo a 45 policías en un santiamén nos olvidábamos del desempleo en este país.
Escuchando: Mano Negra – Soledad
Vivir en una gran urbe china debe de ser similar a hacerlo en el tubo de escape de un automóvil. No sólo por las estrecheces físicas, sino sobre todo por la cantidad de gases poco saludables que tus pulmones deben de filtrar a diario. Los chinos tienen fama de guarros y de contaminar en exceso (absténganse de denunciarme por lo anterior, estimados súbditos de la República Popular, no soy más que un pobre ignorante que hace caso de los tópicos) y no fueron pocos los problemas que tuvieron cuando en los pasados Juegos Olímpicos muchos atletas se negaron a entrenar con tanto monóxido de carbono flotando en el ambiente.
A pesar de lo dicho en el párrafo anterior, si por algo admiro a los chinos es por sus increíbles habilidades para el reciclaje. Es probable que este espíritu reciclante tenga su origen en la reencarnación taoísta. Cuando una gamba acaba entre los restos de tu plato al pedir el postre en el buffet de un restaurante chino, el crustáceo no es que muera, sino que fluye con el Tao y vuelve a parar a la bandeja desde la que pasará al plato de un posterior comensal, y luego al del siguiente hasta volverse uno con el Tao y conseguir la inmortalidad.
Pero no era de reciclajes alimenticios de lo que quería hablarles, sino de los del sector de la juguetería. El otro día, haciendo la compra en el Carrefour, me llamó la atención un muñeco en la cabecera del lineal de juguetes. Era el “Homersapien“, un robot con el aspecto del padre de los Simpson. Tenía prisa y unas croquetas descongelándose en el carrito (mientras no encuentre una Puri mañosa en la cocina, mis croquetas seguirán siendo Frudesa), así que no pude dedicarle al juguete la atención que requería.
Ya me había olvidado del Homer biónico pero hoy, hojeando el catálogo de las ofertas de esos hipermercados, he vuelto a ver al mostrenco y lo he comprendido todo. No sabía si el personaje de Matt Groening se había vuelto robot a raíz del argumento de un especial de Halloween de la serie, o si la nueva temporada de la serie iba a ser un híbrido con los Transformers, pero cuando he visto el catálogo del Carrefour he comprendido que todo se debía al reciclaje.

Y es que, también de oferta y en la misma página, estaba el “Spidersapien“, que era tres cuartos de lo mismo pero disfrazado de Spiderman. El mismo cuerpo, los mismos movimientos y sonidos, pero pintado con otros colores y con otra cabeza.
Imaginen en su piso de Pekín al fabricante de “Spidersapiens“. Hace meses que la última de Spiderman dejó de estar en cartelera y los chavales ya no piden juguetes del hombre araña. ¿Qué solución encuentra? Darle una capa de pintura al material excedente, ponerle unas cabezas que sobraran de la fabricación de un juguete anterior y mandar un par de contenedores con muñecos al Carrefour. Y lo mejor de todo es que, tras el reciclado, el muñeco vale 20 euros más que el original. Negocio redondo para el empresario chino y para la cadena de hipermercados.
Pero hoy los chinos han sido tristemente noticia por otro motivo. La fábrica de tricornios con más solera de España se ha visto obligada a despedir a casi toda su plantilla debido a la fuerte competencia del país asiático. Mientras que un tricornio Made in Spain cuestra 38 euros, un agente de la Guardia Civil puede adquirir uno de fabricación china por tan sólo 4. Los agentes, que pese a lo que muchos puedan pensar no son tontos, prefieren gastarse el dinero en cosas más prácticas y a la hora de comprar tricornios bajan al “Todo a 0,60″ de la esquina. Y mientras, en los almacenes de la centenaria fábrica de tricornios española, miles de estos sombreros se mueren de asco cogiendo polvo.
Si la empresaria sevillana tuviera la visión comercial del chino de los muñecos, no se estaría quejando de sus desgracias ante la cámara de los informativos. Forraría los tricornios de charol rosa, los llevaría a tiendas para jóvenes góticas o a las boutiques más divinas de Chueca y, sin ninguna dificultad, podría vender todos los tricornios no a 38, sino a 100 euros. En España no hay crisis, aquí lo que hay es falta de ideas.
Escuchando: La Habitación Roja – Tened piedad del expresidente
"Sin esperanza se encuentra lo inesperado." Heráclito de Éfeso.
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