
Este mediodía, al igual que otras 8000 personas, me he puesto a hacer cola en la madrileña Ciudad Universitaria para conseguir un plato de carne. Y todo porque a los de Mercamadrid les ha dado por promocionar los productos cárnicos entre la juventud, recordando un mucho a ese capítulo de Los Simpsons en el que Lisa se hace vegetariana y los del Consejo de la Carne llevan toneladas de casquería al colegio y les ponen un vídeo didáctico ensalzando las virtudes de la carne. No se puede negar que cada día nos parecemos más a nuestros necios primos del otro lado del Atlántico. Hasta en el nombre del evento les hemos querido imitar: “‘Primer Happening Universitario De Productos Cárnicos”. Prefiero no saber quién ha tenido la idea de bautizar a esta apología del matarife con ese nombre tan anglointelectual en vez del sencillo y efectivo “Ponte a la cola, que damos carne gratis”.
Eso sí, por mucho que la cosa esta de repartir carne a los universitarios (y a algún que otro jubilado convertido en estudiante por un día) para fomentar su consumo me parezca una idea un poco obtusa, he de reconocer que no lo hemos pasado mal, pese a la interminable cola, y que hemos matado el hambre. Pero con los trozos de carne dura y semicruda que nos han dado no creo que cambie mis ideas con respecto al mundo cárnico. Seguiré consumiendo tanta o tan poca carne como antes. Los que sí que puede que me hagan recapacitar son los que iban repartiendo este folleto a los que hacíamos cola. Un folleto que combina una crítica atroz al consumo de carne con consejos sexuales, un horóscopo e información sobre masajes chinos. No sé qué oscura organización estará detrás de este impreso, pero seguro que da mucho miedo. Sólo dando miedo alguien puede incitarnos a “evitar la anormalidad”.










